Aula de Asanas

Cómo elegir tu formación de yoga para niños según la edad del grupo

Cómo elegir tu formación de yoga para niños según la edad del grupo

Un martes de lluvia en el patio cubierto de mi escuela aquí en Quito, mientras intentaba que mis alumnos de segundo grado no se convirtieran en un torbellino humano, un niño de seis años se me acercó con una seriedad que ya quisiera yo para los días de inspección. Me miró fijo y me corrigió el 'perro mirando abajo' porque, según él, en el video que hace su abuela todas las mañanas el estiramiento se veía mucho 'más largo'. Mi ego de profe de educación física, forjado en años de silbato y carreras de relevos, se fue directo al piso. En ese momento entendí que no basta con saber poner a los niños en fila; enseñarles a conectar con su cuerpo requiere una técnica que mi título de docente no me dio por completo.

Desde finales del año pasado hasta mediados de este mes de julio, me he pasado los recreos pegada al celular comparando programas de instructor de yoga para niños. He revisado currículos enteros mientras siento el olor a caucho caliente de las colchonetas azules del gimnasio, esas que guardamos apiladas cerca de la ventana donde pega el sol de la tarde. Lo que he aprendido es que el error más común —y el que yo misma estuve a punto de cometer— es pensar que una formación sirve para todos. Un niño de seis años no te va a sostener la postura del árbol por noventa segundos, punto final. Si el curso que estás viendo no diferencia entre un párvulo y uno de quinto de básica, mejor sigue haciendo scroll.

La trampa de la edad cronológica frente al desarrollo motor

Hace unas tres semanas, conversando con una colega durante el almuerzo, le decía que mi mayor miedo al lanzarme a dar clases extraescolares por mi cuenta es aburrir a los más grandes o frustrar a los más chiquitos. En la educación física tradicional, estamos acostumbrados a los rangos de edad del Ministerio, pero en el yoga la cosa cambia. La clave que he encontrado en las mejores formaciones de Hotmart es cómo abordan el desarrollo motor grueso.

Verán, según la teoría de Jean Piaget, los niños atraviesan la etapa preoperacional entre los 2 a 7 años. En este rango, el niño todavía está descubriendo dónde terminan sus brazos y dónde empieza el espacio del compañero. Si eliges una formación que te pide enseñar alineación técnica a un niño de cuatro años, estás perdiendo el tiempo y el dinero. A esa edad, el yoga es juego, es imitación de animales y es, sobre todo, movimiento narrativo. No busques perfección, busca participación.

Mat de yoga infantil con peluche y cuento para niños pequeños

Por otro lado, cuando llegamos a la edad de inicio de la educación básica elemental en Ecuador, que son los 6 años, el cuerpo del niño empieza a cambiar. Aquí es donde la propiocepción —esa capacidad de saber dónde está cada parte de tu cuerpo sin mirarla— permite introducir posturas de equilibrio que antes eran anatómicamente imposibles. Me pasó hace un par de meses en una clase de prueba: intenté que los de inicial hicieran una secuencia de equilibrio y terminaron todos en el suelo riéndose, lo cual está bien para el recreo, pero no para un objetivo pedagógico de clase. Por eso, al buscar tu curso, fíjate si separan los módulos por hitos de desarrollo y no solo por años de nacimiento.

¿Por qué la autorregulación emocional es el verdadero filtro?

Aquí es donde me pongo un poco contreras, pero es lo que he visto en el patio de mi escuela cada día. Muchos instructores te dirán que elijas tu formación basándote estrictamente en si vas a trabajar en jardín de infantes o en primaria. Yo te digo que evites elegir una formación basada únicamente en el grupo de edad, ya que la capacidad de autorregulación emocional del niño importa más que su edad cronológica. He tenido niños de ocho años que se frustran más rápido que uno de cinco si no les sale la postura del cuervo a la primera.

Una buena formación de instructor de yoga para niños debe darte herramientas para manejar esa frustración. No me sirven de nada tres horas de video sobre la historia del sánscrito si no me explican qué hacer cuando un niño de siete años decide que no quiere cerrar los ojos en Savasana porque le da miedo la oscuridad o simplemente porque tiene demasiada energía acumulada. Lo noté al revisar un programa hace poco: pasaban demasiado tiempo en nombres de posturas complicadas y casi nada en cómo transicionar entre el caos de un juego y la calma de una respiración consciente.

Si estás pensando en dar el salto a lo privado, te recomiendo leer sobre el instructorado de yoga infantil online para profesoras con poco tiempo, porque a veces necesitamos esa flexibilidad para estudiar mientras los niños están en sus propias actividades. Yo, por ejemplo, aprovecho los huecos entre clases para ver los videos de anatomía aplicada, que son los que realmente me ayudan a explicarles a los padres por qué su hijo está más tranquilo después de clase.

El estándar internacional y la realidad del aula en Quito

Si te pones técnica, verás que la Yoga Alliance habla de unas 95 horas mínimas para una certificación RCYT (Registered Children's Yoga Teacher). Pero seamos honestas: para nosotras, las que estamos en el sistema público o en colegios privados de la ciudad, esa certificación internacional es un lujo que a veces requiere haber completado primero 200 horas de yoga para adultos. Eso es mucho tiempo y dinero para alguien que ya tiene una carrera docente y lo que busca es una herramienta práctica para el aula.

Durante el último recreo de ayer, comparaba dos cursos que me gustaban mucho. Uno era muy 'espiritual', con mucha música de cuencos que, sinceramente, mis alumnos de segundo grado rechazarían a los cinco minutos. El otro estaba diseñado por una psicopedagoga que integraba el yoga dentro del eje de Desarrollo Humano Integral, que es como solemos introducir estos temas en Ecuador. Ese enfoque es mucho más valioso si tu meta es trabajar en escuelas o abrir tus propias sesiones extraescolares en barrios como La Floresta o Cumbayá, donde los padres buscan resultados tangibles en la concentración de sus hijos.

Colchonetas azules de gimnasio apiladas junto a un celular con curso de yoga

Es importante recordar que, aunque estemos buscando una formación profesional, no somos médicos ni psicólogas clínicas. Siempre les digo a los padres en las reuniones que el yoga es una herramienta de apoyo, pero si notan problemas de desarrollo motriz serios, deben consultar a un especialista o al pediatra de cabecera. Mi labor como profe de educación física es detectar patrones y ofrecer un espacio de bienestar, no diagnosticar.

Criterios para elegir tu curso sin morir en el intento

Después de meses de investigación en mi pantalla trizada (cortesía de un pelotazo accidental en el patio), aquí les dejo mi lista de lo que no puede faltar en esa formación que elijan:

Recuerda revisar siempre los errores al elegir formación de yoga infantil para trabajar en escuelas antes de meter la tarjeta de crédito. A veces lo que brilla en Instagram no funciona cuando tienes a treinta niños gritando en un gimnasio con eco.

Escritorio de profesora con silbato y plan de estudios de instructorado de yoga

Mi elección final: Dejar el ego en la puerta

Al final, decidí priorizar una formación que se centrara en el rango de 6 a 9 años, que es donde paso la mayor parte de mi día. He aceptado que sigo siendo una alumna y que, posiblemente, la abuela de mi alumno Mateo sí tenga unos videos de YouTube maravillosos que le enseñan a estirarse mejor que yo. Pero lo que ella no tiene, y lo que yo estoy ganando con esta formación, es la estructura pedagógica para convertir ese estiramiento en una lección de vida.

Elegir el curso adecuado es como elegir el calzado para la montaña en Mindo: si te queda grande te tropiezas, y si te queda chico te saca ampollas. No te dejes deslumbrar por los certificados internacionales si lo que necesitas es saber cómo calmar a un grupo de tercer grado un viernes a última hora. Busca algo que hable tu idioma, que entienda tus limitaciones de tiempo y que, sobre todo, respete el ritmo de los niños. Al final del día, si logramos que un solo niño aprenda a respirar profundo antes de enojarse, ya habremos pagado con creces el valor de cualquier curso.

Y si alguna vez te sientes perdida, recuerda que hasta a las profesionales nos corrigen los de seis años. Eso nos mantiene humildes y, sobre todo, nos recuerda por qué estamos haciendo esto: para que ellos crezcan con una conexión con su cuerpo que nosotras recién estamos terminando de descubrir.

Para que lo sepas: Ninguna información de este sitio constituye asesoramiento médico, legal o financiero. Todo el contenido se basa en la experiencia personal del autor. Consulta a un profesional autorizado para obtener orientación específica a tu situación.

Artículos relacionados