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Yoga para niños: Por qué no necesitas ser gurú de adultos para empezar tu formación (y mis notas de recreo)

Yoga para niños: Por qué no necesitas ser gurú de adultos para empezar tu formación (y mis notas de recreo)

Sentada en las gradas de cemento de la escuela, con el frío de Quito calándome los huesos a media mañana, miro a mis alumnos de segundo de básica. Están en ese punto del recreo donde la energía se transforma en caos: unos corren sin dirección y otros parecen fichas de dominó a punto de caer. En mi mano, el celular muestra una comparativa de cursos en Hotmart. Llevo desde mediados del año pasado, específicamente desde que regresé de aquel retiro en Mindo, intentando descifrar si para enseñar yoga a niños necesito primero pasar doscientas horas aprendiendo a poner el pie detrás de la cabeza en un estudio de lujo.

La respuesta corta, la que he masticado entre almuerzos con mis colegas y tardes de lluvia, es que no. No necesitas ser una experta en sánscrito ni tener una certificación de adultos previa para empezar, pero —y este es un 'pero' del tamaño del Panecillo— la elección del curso definirá si tus clases son una sesión de bienestar o simplemente treinta niños gritando mientras tú intentas hacer la postura del árbol. Lo noté durante los recreos de octubre, cuando probé mi primera secuencia lúdica y me di cuenta de que un niño de siete años no se queda en una postura noventa segundos, punto. Si el curso que eliges no entiende eso, habrás tirado tu dinero.

El momento en que el instinto de profe no fue suficiente

Todo esto empezó por un accidente. En 2023, durante un retiro largo en Mindo, la instructora de yoga que debía atender a los hijos de los huéspedes canceló a última hora. El host, sabiendo que soy profe de educación física, me pidió que los entretuviera con algo de yoga. Recuerdo perfectamente el olor a eucalipto mojado y el sonido de la lluvia golpeando el techo de zinc mientras improvisaba posturas de animales. Los niños estaban felices, pero yo me sentía como un fraude. Tenía el manejo de grupo, sí, pero me faltaba la estructura. No sabía cómo pasar de la 'rana' al 'perro' sin que pareciera una clase de gimnasia tradicional.

Al volver a Quito, me obsesioné con cerrar esa brecha. Empecé a buscar formaciones, pero me topé con la pared de la industria: la mayoría de las escuelas te exigen ser instructora certificada de adultos (las famosas 200 horas) antes de dejarte tocar el currículo infantil. Para una profe de escuela pública, eso significa gastar lo que serían dos semanas de compras de supermercado en una certificación que, honestamente, no voy a usar para corregir la alineación de un ejecutivo en un gimnasio. Lo que yo necesito es algo que funcione en el patio, sobre el cemento o en el aula con las sillas echadas hacia atrás.

El mito de la certificación internacional en el aula real

He pasado horas comparando opciones en mi teléfono durante los descansos. Hay un estándar internacional, el RCYT de la Yoga Alliance, que pide 95 horas de especialización. Es un número que suena profesional, pero seamos sinceros: a los padres de familia en mi barrio o a la directora de mi escuela no les importa el sello de una alianza en Estados Unidos. Les importa que los niños de Educación General Básica, que en Ecuador van de los 6 a los 12 años, regresen del recreo más tranquilos y enfocados.

A finales de las vacaciones de julio del año pasado, me di cuenta de que estaba buscando mal. Estaba buscando validación externa cuando lo que necesitaba era metodología pedagógica. Muchos cursos de yoga para niños que encontré en línea pecaban de ser demasiado 'zen' y poco prácticos. Te enseñan a cantar mantras que un niño de ocho años se negará a repetir porque le da vergüenza, o te proponen secuencias con música que suena a spa y que a mis alumnos les aburre soberanamente.

La gran verdad: ¿Por qué considerar la formación de adultos primero?

Aquí es donde me voy a contradecir un poco, o más bien, donde mi opinión ha madurado después de ver tantos módulos de prueba. Aunque no necesites la certificación formal de adultos para empezar a estudiar, he llegado a la conclusión de que evitar los cursos que son *únicamente* para niños es un error. Me explico: algunos programas diseñados exclusivamente para niños saltan por encima de la anatomía básica y la seguridad postural porque asumen que los niños son elásticos y 'aguantan todo'.

Optar por una formación que tenga una base sólida de adultos, o que al menos dedique una parte importante a la estructura técnica, te da una autoridad que los niños huelen a leguas. Si tú no sabes por qué el talón debe ir en cierta posición, ellos tampoco lo respetarán. Me pasó una tarde de lluvia en marzo, intentando una postura de equilibrio. Un niño de seis años se me quedó mirando con esa cara de suficiencia que solo ellos tienen y me dijo que mi perro mirando hacia abajo estaba 'chueco' comparado con el de un video que su abuela le pone en la casa. Me dolió el orgullo, pero tenía razón. Yo estaba improvisando la forma sin entender el fondo.

Por eso, mi consejo para quienes están en mi situación —pesando si invertir ese dinero que tanto cuesta ganar— es buscar cursos que cierren esa brecha. No busques solo 'juegos con yoga'. Busca 'pedagogía del movimiento aplicada al yoga'. Obviamente, no soy doctora ni experta en fisioterapia, así que siempre les digo a los padres que, si el niño tiene alguna condición especial en la espalda o las rodillas, consulten con su pediatra antes de que yo los ponga a hacer posturas raras. Es lo mínimo que podemos hacer como educadores responsables.

Cómo filtrar un curso en Hotmart sin perder la cabeza

Si estás mirando tu teléfono ahora mismo, como yo lo hago en los recreos, ten en cuenta estos puntos que he anotado en mi cuaderno de planificación:

Reflexiones desde el patio de la escuela

A estas alturas de mayo, ya casi terminando el ciclo escolar, tengo claro que mi camino hacia la instrucción independiente no pasa por un título colgado en la pared, sino por la capacidad de traducir el yoga al lenguaje del juego serio. No es necesario tener la certificación previa de adultos para *aprender*, pero sí es necesario estudiar con la profundidad de un adulto para poder *enseñar* a un niño. Es una distinción sutil pero vital.

A veces me frustro viendo lo que cuestan algunas formaciones en comparación con mi sueldo de profe, pero luego veo a ese mismo niño que me corrigió el 'perro chueco' logrando una respiración profunda antes de un examen de matemáticas, y me doy cuenta de que la inversión vale la pena. Solo asegúrate de que el curso que elijas te dé herramientas para el mundo real: el de las rodillas raspadas, la falta de mats acolchados y la energía inagotable de la infancia. Al final del día, lo que buscamos no es formar yoguis perfectos, sino niños un poquito más dueños de su propia calma en medio del caos del recreo.

Importante: Este sitio tiene fines informativos y de entretenimiento únicamente. No soy médico, asesor financiero ni abogado. Busca orientación profesional antes de tomar cualquier decisión sobre tu salud o tus finanzas.

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